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A las 6 y pico

Espuma

El Entretenimiento: Arenga rimada entre Baldomero y Celestino.

B. - ¿Es el sol aquel lucero
que brilla allá en lontananza?

C.- No. Es el ojo de Constanza
que mira con desafuero.

B.- ¿Decís el ojo?
¿Acaso es tuerta?

C.- Sí, que se atizó con el cerrojo
mientras cerraba la puerta.

B.- ¡Santo Cielo! ¡Mala suerte!
en verdad, malaventura.
Mas, es peor aun la muerte
que a Esa nadie la cura.

C.- Ciertamente; que no venga,
mas son sus males a pares,
que la dama quedó renga
cuando se hallaba en los mares.

B.- ¿En los océanos viles?
¿acaso estuvo luchando
con piratas zascandiles?

C.- Pues no, que se hallaba solazando
en el mar de Los Candiles.
Tenía ella quince abriles
cuando quedó cojeando.
Ya sabéis, que hay a miles,
en esas playas nadando,
de tiburones, estoy hablando...

B.- ¿Decís que los tiburones
mutilaron la pierna de la mujer?
¡Indescriptible llega a ser!
Mas, decid, ¿hasta los jamones?

C.- Hasta la misma bragadura,
que si no es por un marino
que la agarró..., un tal Rufino,
no lo cuenta, la criatura.

B.- Pero... ¿se estaba bañando
en piélago tan bravío y fiero?
¿un baño se estaba dando?
C.- Que no, señor Baldomero,
que tan sólo estaba holgando,
metió la pierna primero,
para irse refrescando,
pues aún siendo en enero
el sol estaba abrasando,
sentada estaba, en lindero,
y donde el mar iba dando,
y el talón hundió ligero...

B.- Deduzco. Los peces iban pasando...
y... ¡Es tremendo Celestino!
¡Cada cual tiene un destino!
y aunque vayáis soslayando...
Pero aún sigo pensando
que fue propicio su sino.
La muerte estuvo rozando...

C.- Cierto es, pero hay más penas,
para la pobre Constanza,
y es que esa dama tan buena...
ya veis, sufre malandanza.

B.- ¿Más desgracias? ¿Más reveses?
¿Y qué más cuitas padece?
¡La vida es tan vil a veces!

C.- De un brazo sufre carencia
y de la otra mano, tres dedos,
no inquiráis por la incidencia
que nada sé de sus ruedos.

B.- ¡Cielo Santo! ¡Santo Cielo!
¡Tuerta, lisiada y manca!
¿Y es calva o posee pelo?

C.- ¿La conocéis? Sí que es calva,
como, del río, el guijarro,
y es que una vez se echó barro,
que le afirmó una tal Alba
que era eficaz para piojos,
mas todo era un desbarro
y Constanza, cual despojo,
con calva monda y lironda,
la interpeló con enojo
y la tal Alba, por hacer ronda,
contestóle sin sonrojo:
-¿Qué no es cabal para piojos?
pues tu mollera redonda
libre está de esos gorgojos.
Y mientras, se reía, oronda.

B.- Coja, manca, calva y tuerta...
no cabe más desventura,
mejor que estuviera muerta
y así se arranca su agrura.

C.- ¿Muerta? ¡vos os contrariáis!
¿no dijisteis que la Muerte
es temible y sin enmienda?
Mirad bien lo que opináis
que vuestro juicio no es fuerte.
¡A vos no hay quién entienda!

B.- Cierto es, mas vos sabéis
que tiene pocas bonanzas
la pobrecilla Constanza...

C.- Ninguna tiene, la desdichada,
mas, como no existe...
pues que si no esta charada
sería azarosa y triste.
¿Quedó bien la parrafada?


B.- Regular: y de refinarnos hemos,
Mas, mejor esto que nada,
que estos juegos tan jocosos
que vos y, yo junto, hacemos,
me agradan más que los cosos,
y que las justas o las gradas;
¡Me embeleso cuando gloso!

C.- ¿Mañana a la misma hora?
traeré nuevas andanzas
¿Serán de la triste Constanza?
¿O acaso de la gentil mora?

B.- Mañana, mi buen Celestino,
yo discurro el personaje,
que es mi turno y yo imagino.
Encarnaremos a un paje,
e hilvanaremos su sino,
sus peripecias y gajes.

C.- Convenido está, en tal caso,
que es instancia razonada,
¡Hasta más ver, Baldomero!
me voy dando el primer paso
que la ruta es dilatada.

B.- Con Dios vayáis, Celestino,
y bien tomad estas viandas
para abreviar el camino,
que todo varón que anda
la panza le forja trino
y se agita con demanda.
Os dispuse hogaza y vino.

C.- Agradecido me hallo,
os devolveré el halago
que obligado es Celestino.
Mañana mismo lo hago.
y más no hablo, ya callo,
y me alejo. Adiós, vecino.

B.- ¡Ah, ya está cantando el gallo!
Con Dios, mi buen Celestino.

Dos cuentitos de una sola vocal

Vergeles del presente

Pepe Pérez, prende leves redes que se mecen de preñez; peces, de tez verde, de herretes breves, se estremecen entre bretes.
Él vence; sedente entreteje redes. Clemente, se desprende de pejes endebles, de peces peques...
De repente, Selene emerge en el este.
—Éste es el edén: me pertenece.
En el éter, vehementes seres celestes, crecen, se empequeñecen, tremen... fenecen.



¡Horror!

Lolo contó.

—Osorno, tostó los ocho pollos; los colocó, gordos, olorosos, con los cohombros.
Tomó los cocos, los portó, los mondó.
Gozoso, royó los orondos pollos, los cocos, los cohombros oblongos... Probó ron; sólo dos pomos.
Pronto notó dolor, sofoco...

Tropo: Osorno, con rostro color rojo por mondongo colmo, rodó como bolo; orondo, como los pollos, sólo logró foso hondo, mohoso, fosco... Tolón, tolón.

Rocco lo oyó.

—¡Oh, no! ¡Horror! Yo como poco pollo —corroboró, fogoso.